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Es uno de los tapices que colgaban en su habitación del Palau de Vent, La persistencia de la memoria, 1931. Los relojes representan el paso del tiempo y las hormigas la muerte.
Dalí se inspiró en realizar los relojes blandos relacionándonos con otros elementos que se deshacían y ablandaban, en este caso, fueron comestibles. El queso camembert se deshacía y Dalí relacionó esa forma blanda en sus relojes. Le gustaba relacionar el contraste entre lo blando y lo duro de los elementos y sostenía que los elementos blandos son creados por los humanos y desaparecen con el tiempo. Y los elementos duros son los que perduran con el tiempo.
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